28.11.06

Volvimos

Finalizadas las vacaciones para el que escribe y su respectivo blog queda recordar lo que fue la noche del 18 de Noviembre en el que, tal y como anunciamos, volvíamos a las Cotxeres de Sants de Barcelona para asistir a su maratón de pelis. Informar que había dos salas, una con cine comercial moderno, vease La tierra de los muertos, Oldboy, V de Vendetta..., grandes flins pero que no se salvaron de los gritos del respetable.

Pero como todas estas están mas que vistas y lo suyo era presenciar un espectáculo inolvidable, qué mejor que entrar a la sala pequeña donde se encontraba otro maratón, esta vez de pelis chungas, pero muy chungas. Series B y hasta Z típicas de ser avanzadas a cámara rápida si se ve solo, pero que gracias al encanto de la multitud, las birras, y alguna que otra hierba medicinal, (el que escribe y su acompañante no consumieron, pero como si asi fuera), animaron la noche cosa mala.

La velada comenzó con Galaxia prohibida, producción del querido Roger Corman que "homenajea" la primera
Alien y en algún caso hasta a Star Wars con clichés típicos del género. Mala, muy mala, además de muy oscura para ocultar la clara falta de medios, donde no faltaron las típicas escenas de sexo gratuito y las masas viscosas que supuestamente dan miedo.

Seguidamente tocaba Invasores de Marte, quizás la menos chunga de la noche. Otra copia más, esta vez de La invasión de los ultracuerpos. Simpática y pelín coñazo, pero fue lo mas digerible de la noche. Seguidamente una mas modernilla, El libro del mal, esta vez "homenaje" de Posesión infernal, además con razón, viendo la aparición, en fotografía eso sí, del bueno de Bruce Campbell. Un truño simpático y con buen ritmo, además de dos protagonistas de buen ver con disfraces estimulantes incluidos que hicieron vocear al público mayoritariamente masculino de todo menos "qué guapa eres".

Era ya la una de la madrugada cuando hizo presencia lo mejor de la noche, y con creces, Erase una vez el diablo. No se puede explicar con palabras tan abominable producción francesa que parecía haber sido dirigida por un chimpancé subnormal. Una historia sin aparente lógica, unos efectos gore desternillantes con un montador que no hacía mas que repetir planos de, por ejemplo, un tipo con careta vomitando sangre durante dos minutos, o el caso de un cazador con muy mala puntería que se pasa media película intentando acertar a un caballo que no para de dar vueltas intercalándose el día y la noche entre planos sin sentido alguno, mezclemos esto con una rubia tonta que no para de correr en camisón, un montón de primeros planos de un gato sin venir a cuento y una momia que sale de la nada. Una delicia realmente horrible que no se olvidará jamás.

El listón estaba muy alto, y posiblemente por ello El mutilator no se acercó ni de lejos a la anterior. La película comienza con un chaval jugando con su escopeta de caza, cuando sin querer la hace disparar y se carga a su madre que estaba en la otra habitación, ya es mala suerte. El padre, ante tal catástrofe, se vuelve majara y se convierte en Mutilator, el cual se encargará años más tarde de matar a los amigos del chaval, ya todo un hombrecito. No me pregunten más, no me enteré de nada.

Cuatro y media de la madrugada, frío en la sala y algo de sueño, pero ganas de seguir por lo que se acontecía, en este caso una producción italiana llamada The last shark, o Tiburón 3 como se tituló aquí, toma ya. Escenas marinas a lo Jacques Cousteau muy bonitas y un tiburón cartón piedra que sale dos veces del agua y siempre de la misma manera comprenden este despropósito infumable en el que había que sacar ánimos para seguira de donde fuera, caso por ejemplo el del candidato a la alcaldía William Wells, un señor con bigote, trajeado y cara de antiguo, que cayó simpático a la gente de la sala los cuales no dudaron en corear su nombre cada vez que el personaje salía en pantalla, hasta que el tiburón chungo le zampa las piernas y se va todo a tomar por saco. "Wells estará siempre en nuestros corazones", dijo alguien en la sala con una lagrimilla en el rostro, son los estragos de juntar drogas con alcohol.

Cinco y media de la madrugada y el cuerpo solo pedía cama, nos quedamos sin ver la última sesión llamada Abrazo mortal así que se queda sin valorar. Comentar también que entre pelis el señor Naxo Fiol, encargado de la sala, proyectó dos de sus cortos, Suverpipencia, simpática versión catalana de la macabra Deliverance, y Guantes: Conflicto final, rodada en Super 8, dos obras más en la extensa trayectoria de este videoasta.