Animales
Se aproxima el mes de Abril y con este la conocida Feria de Abril de Sevilla, donde entre vomitonas, porros y rayas de coca, y si la lluvia no lo impide, se "festejará" en la Maestranza de esta localidad ese circo romano de nuestro tiempo, o fiesta nacional según algunos, y es que con esta denominación universal no me extraña nada que España se rompa por los separatistas, ¡que me den un martillo que yo ayudo!.
Soy antitaurino y como carne, ¿contradicción?, lo dudo. Odio las corridas de toros y a todos los que lo apoyan porque las he vivido desde muy cerca por cuestiones laborales y familiares, y es que asistir a una corrida es una experiencia desgraciadamente inolvidable; presenciar una horrible e incomprensible tortura de un ser vivo ante los aplausos del "respetable" y no poder gritar a los cuatro vientos despotricando de tal barbarie no te deja tan hecho polvo como contemplar por el objetivo los vómitos de sangre del ser vivo que poco a poco va perdiendo su vida ante el júbilo de los que de pie han pagado una entrada nada barata esperando ver cuanta más sangre mejor, con arte eso sí.
Y es que en esa situación uno piensa de repente que todo eso es fruto de una pesadilla, que ha sido absorbido por un vórtice de una peli de serie B y que ha aparecido de repente en algún país subdesarrollado, que toda esas personas que se levantan y gritan no pueden ser los que se cruzan contigo a diario y que gritan a los cuatro vientos No a la violencia, sin arte eso sí.
Soy antitaurino porque me cuesta imaginar a gente como esa disfrutando de tal manera, como tampoco puedo imaginarme un coro de gente animando a un energúmeno que le mete estocadas a un perro en medio de la vía hasta desangrarse para terminar cortándole las orejas y el rabo en señal de victoria. Si ese caso existiera estaríamos hablando de violencia en la vía pública con la consecuente pena y regalándole un reportaje sensacionalista al programa de Ana Rosa.
Claro que todo este espectáculo a lo cutre no se puede comparar al de una plaza de toros, con sus trompetas, paseíllo, paquetón pal´lao y su reina y damas con cerebro de aceituna sonrientes..., eso es diferente según los catetos patillitas engominados que arreglan todo a hostias y hacen oídos sordos a lo que es una barbarie que debe terminar ya, y es que es otra tortura escuchar una y otra vez que la única excusa que tienen estos para defender su pseudofiesta sea repetir ridículamente que gracias a las corridas el toro bravo no sufre y que sigue vivo porque si no se extinguiría, y es que más vale no nacer que vivir dando de comer a tales sabandijas para luego tener que morir agonizando.
Soy antitaurino y como carne, ¿contradicción?, lo dudo. Odio las corridas de toros y a todos los que lo apoyan porque las he vivido desde muy cerca por cuestiones laborales y familiares, y es que asistir a una corrida es una experiencia desgraciadamente inolvidable; presenciar una horrible e incomprensible tortura de un ser vivo ante los aplausos del "respetable" y no poder gritar a los cuatro vientos despotricando de tal barbarie no te deja tan hecho polvo como contemplar por el objetivo los vómitos de sangre del ser vivo que poco a poco va perdiendo su vida ante el júbilo de los que de pie han pagado una entrada nada barata esperando ver cuanta más sangre mejor, con arte eso sí.
Y es que en esa situación uno piensa de repente que todo eso es fruto de una pesadilla, que ha sido absorbido por un vórtice de una peli de serie B y que ha aparecido de repente en algún país subdesarrollado, que toda esas personas que se levantan y gritan no pueden ser los que se cruzan contigo a diario y que gritan a los cuatro vientos No a la violencia, sin arte eso sí.
Soy antitaurino porque me cuesta imaginar a gente como esa disfrutando de tal manera, como tampoco puedo imaginarme un coro de gente animando a un energúmeno que le mete estocadas a un perro en medio de la vía hasta desangrarse para terminar cortándole las orejas y el rabo en señal de victoria. Si ese caso existiera estaríamos hablando de violencia en la vía pública con la consecuente pena y regalándole un reportaje sensacionalista al programa de Ana Rosa.
Claro que todo este espectáculo a lo cutre no se puede comparar al de una plaza de toros, con sus trompetas, paseíllo, paquetón pal´lao y su reina y damas con cerebro de aceituna sonrientes..., eso es diferente según los catetos patillitas engominados que arreglan todo a hostias y hacen oídos sordos a lo que es una barbarie que debe terminar ya, y es que es otra tortura escuchar una y otra vez que la única excusa que tienen estos para defender su pseudofiesta sea repetir ridículamente que gracias a las corridas el toro bravo no sufre y que sigue vivo porque si no se extinguiría, y es que más vale no nacer que vivir dando de comer a tales sabandijas para luego tener que morir agonizando.







